Chiapas en mi corazón

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Las vacaciones suelen ser una temporada muy tormentosa para muchos, largas filas por doquier, tráfico, restaurantes llenos, etc. Por aquí nuestra filosofía es tratar de ir un poco en contra de eso (en la medida de que se pueda), y optamos por tratar de viajar antes o después de un periodo vacacional… las razones: menos gente, los costos bajan, y eso representa un menos gasto general. 

El último fin de semana del periodo vacacional por fin se me hizo viajar a Chiapas con fines recreativos, pues había estado un par de veces en Tuxtla y algún otro pueblito al sur, pero solo con fines laborales (y eso no cuenta). Si bien no estaba de acuerdo en que fueran 4 días por Chiapas, pues considero que al menos se necesitan 10 para disfrutar y entender sus maravillas naturales; así que era eso o nada… y cuando se trata de un viaje a nadie le gusta elegir “nada”, a menos que sea en una playa, jajaja! (ya sé, pésimo comediante).

El camino recorrido comprende la ruta desde Veracruz a Tuxtla Gutierrez, el “google maps” dice que son 550 kilómetros y 6 horas con 10 minutos para llegar… que la mayoría de las veces termina en error porque regularmente las carreteras de México son reparadas “atinadamente” en los periodos vacacionales. El resultado real arrojó 6 horas y 35 minutos. El gasto promedio va sobre $700 pesos en combustible y $545 pesos de peaje. El autobús ADO cuesta desde $608 hasta $1,186 (dependiendo la clase)* saliendo de Veracruz; si sales de Ciudad de Mexico va de $655 hasta $1,288 (y son unas 12-13 horas de viaje).

Tuxtla Gutierrez.-

Una vez llegando a Tuxtla, lo primero era hacer “check-in” en el hotel, que dicho sea de paso tenia una buena tarifa y un gran descuento conseguido con Booking para descansar una noche, y al día siguiente llegar a San Cristobal de las Casas. Dicen que la comida es lo primero que se recuerda de un viaje, yo digo que cada platillo que emociona a todos los sentidos es una razón por la que después se ha de volver a visitar esa ciudad o destino. Dicen que el parque de la Marimba es algo que los “tuxtlecos” gozan y disfrutan por las noches. Basta con presenciarlo para darse cuenta que no es un cuento; el abarrotado parque lleno de vida, música, color y sabores típicos de la región contagian a cualquier visitante. 

Platicar con locales siempre es reconfortante (de lo mejor que se puede hacer en un viaje), conocer sobre sus tradiciones y vida diaria me alimenta el conocimiento…y más cuando se trata de una región tan desconocida, de la que puedo percibir se encuentra tan dispareja al resto de México pero que es una de las principales que presume con orgullo sus raíces, su cultura y sus costumbres.

Descansar es primordial en todo viaje, elegir bien ubicado el hospedaje es lo principal al planearlo, ya sea de paso o para toda la estancia. El breve recorrido chiapaneco continua hasta San Cristobal de las Casas, con escala en el Cañón del Sumidero y otra muy breve en Chiapa de Corzo. Si se va en vehículo es muy recomendable ir a los miradores del cañón; donde se paga $34 pesos por persona, mismos que podrán ser descontados en caso de hacer el recorrido por el río con las diferentes cooperativas que lo ofrecen. Este tour a los miradores también se puede contratar en algunos hoteles. ¡Vale mucho la pena hacerlo! y muy poca gente va por ahí.

Cañón del Sumidero.-

El camino es todo cuesta arriba y se trata de visitar 4 miradores a los que se tiene acceso (solo en tres de ellos esta al pie del estacionamiento, en uno hay que ir por un sendero de bajada donde la parte complicada es el regreso (la subida). El recorrido en un tour siempre es mas rápido que ir por cuenta propia, pero en promedio puede durar unas 3 horas al hacerlo con calma. Al volver, pretendíamos hacer el paseo en lancha saliendo de Chiapa de Corzo, pero la lluvia impidió poder zarpar. Ese fue el mejor momento para decidir por fin tener un encuentro romántico con San Cristobal de las Casas, pues ya había ambiente de neblina y lluvia en un día de verano. Un camino lluvioso de aproximadamente una hora desde Chiapa de Corzo es lo que lo separa de tan maravilloso pueblo mágico: San Cris para quienes se refieren a el con cariño.

San Cristobal de las Casas.-

Llegar por la tarde a San Cristobal de las Casas es sinónimo de buscar donde comer, y donde beber, por supuesto un delicioso café de olla. Poco tardamos haciendo check-in en el Hotel para después ir en búsqueda de un platillo de la región. La recomendación en común fue la de ir a “Las Pichanchas”, y como suelo ser honesto, pues confieso que no me gustó el pozo, pero la parrillada es muy recomendable comerla. Ahí empecé a amar a San Cris. Caminar es lo mejor que se puede hacer en el bello pueblo mágico.

San Juan Chamula.-

También, por recomendación en común de varias viajeras y viajeros con experiencias en Chiapas me dijeron: ¡ve a ese pueblito con mucho arraigo y tradición!, te va a gustar. Así que, sabiendo que está a no mas de 30 minutos de San Cristobal fui a conocerle de cerca. ¡Vaya habilidad les inculcan y siembran a los niños del lugar!, y ahora explico el por qué. Apenas al tomar la avenida principal, esa que lleva hasta la famosa Iglesia ya hay niños que dicen “allá abajo no se permite estacionar” con el fin de frenarse y para frente a ellos con su objetivo de venta. Haciendo caso omiso de esas indicaciones, llegamos hasta la plaza principal, esa que los Domingos está abarrotada de puestos con artesanías. Ahí un par de niños me señala donde puedo estacionarme; y apenas al abrir la puerta me dice: ¡son 20 pesos!. A partir de ese momento, me “costaron” otros 20 minutos llenos de ofertas de pulseras, llaveros e imanes, con hábiles frases como: “mire, tómela, se la regalo, y los regalos no se le niegan a nadie”, “tome, sosténgala”, “¿al ratito, verdad?”, “ándele, cómpreme algo, es para mis tortillas”, y muchas mas frases aunado a una “promesa” de compra emitida por el propio niño para que cuando saliera de la iglesia le comprara algo.

Sabido es por muchos que las fotografías están prohibidas hacerlas al interior de la iglesia (y a la gente también), así que no tenía la mas mínima intención de arriesgarme a ser “arrestado” por la comunidad. Entrar a “curiosear” el interior de la iglesia que han hecho del misticismo un producto turístico cuesta, y la entrada es de $50 pesos por persona. Adentro se pueden ver algunos círculos familiares rezando y haciendo rituales con refrescos, animales y docenas de velas hincados o sentados en al piso sobre una alfombra de hojas de pino. Los santos se encuentran en las paredes de alrededor y solo alumbrados por cientos de veladoras que hay que ir esquivando. Un gran misterio ronda la religión que profesan, de la cual no quiero entrar en detalles, sin embargo si es muy respetable. Me llena de orgullo saber que pueblos indigenas mantienen vivas tradiciones ancestrales y las van pasando de generación en generación.

Al salir de ahí, nos sentamos un par de minutos para observar la explanada y la iglesia por fuera, sus habitantes, sus andanzas, su caminar, sus rostros, etc. Al caminar un poco mas sobre la vacía plaza, como arte de magia apareció el mismo niño al que según él le hice una promesa de compra para insistir hasta el cansancio que le comprara media canasta porque según ellos, al traer auto éramos ricos… ¡vaya lo que sus padres les enseñan a decir!. Luego de tal escena, confesaré que quise salir huyendo sin poder disfrutar mucho del pequeño pueblito.
Debo mencionar también que en todo el tiempo ahí no crucé palabra con ningún adulto, y ningún adulto me insistió en comprar alguno de los artículos y prendas que tiene a la venta…

Volver a San Cristobal para disfrutar de sus calles y callejones suponen un especial relato que provocó un enorme sueño y deseo de que la vejez quiero pasarla entre su neblina y olor a café…

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Travel Blogger • Relatos, consejos y experiencias al viajar • Viajo con mochila • Taquero de corazón y amante de los Chocolates • La vuelta al mundo: muy cerca!

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