La estadía en Hotel Occidental Grand Xcaret, de lujo.

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Recién que estuve en Cancun y al volver a pisar Xcaret recordé que en el pasado mes de Mayo, en la Travesía Sagrada Maya, había tenido la oportunidad de hospedarme en el Hotel Occidental Grand Xcaret, que por supuesto tiene la fortuna y privilegio de estar apenas a unos pasos del parque Xcaret.

Recuerdo que llegué en mi transporte desde el aeropuerto y me recibieron de maravilla, con una sonrisa en el rostro, me preguntaron como había estado mi vuelo, como había sido el camino del aeropuerto al hotel… y para sorpresa no solo sabían mi nombre sino que también me dijeron ¡bienvenido Mochilero! WOW! seguramente ustedes están acostumbrados, pero yo no y si me dio emoción y hasta me sentí importante.
 
El registro en el “lobby” se lleva a cabo en unos escritorios y es totalmente personalizado, sentado, cómodo y con alguna bebida refrescante como agua, refresco, margarita, piña colada o lo que gustes…el trato en la llegada es soñado.
 
Me tocaba ir dejar mis cosas a la habitación para ir a comer, y vaya que me hacia falta porque recuerdo haber tenido retraso en mi vuelo por casi 1 hora y ya la “solitaria” en mi estomago se había convertido en familia de 3; bueno, después de perderme entre los muchos números de cuartos, elevadores, escaleras y edificios…(suena el grillo)…15 minutos después llegué a mi habitación y ya no sabia si estaba más cansado o más hambriento. 
Di un rápido recorrido a mi cuarto solo para verificar que todo estuviera en orden, me conozco y sé que si tan solo me sentaba a probar el colchón inmediatamente me iba a dejar caer de espaldas y con la vista verde y selvática que tenia desde la terraza estaba que seguro me dormía, y no había tiempo para eso (por ahora).
 
 
(Suena nuevamente el grillo) pasan 15 minutos hasta que logro encontrar el restaurante; 
aclaro, suelo ser muy ubicado en cualquier sitio– 
pero aguanten la risa y créanme que en verdad es un Hotel grande, tiene muchos caminos, senderos, puentes y veredas y no es que estuviera tomando la ruta equivocada, simplemente que el imán de la playa me jalaba.
 
El delicioso “buffet” me estaba esperando y yo estaba ansioso de probar los típicos tacos de cochinita pibil, entre otras cosas; fue después de una larga platica con quienes rodeaban mi mesa y compartían experiencias pasadas en torno a la Travesía y lo que representa en el alma y el corazón para cada uno…indescriptible hasta para ellos.
 
Había que volver a la habitación para asearse un poco, esta vez ya sabía el camino y ¡no me perdí! (suenan las “fanfarrias”) y debía prepararme para el inicio y representación de la diosa Ixchel y los canoeros que emprendían el camino a Chankanaab.
 
Justo a tiempo para salir a Xcaret, y ya ubicados en el lobby del Hotel estaba esperando el transporte que nos llevaría (o al menos eso pensaba), pero ahí vino mi gran sorpresa, que nos iríamos caminando. 
Y es que al hospedarse en este Hotel se tiene el privilegio de tener una entrada exclusiva para los huéspedes donde no se hacen filas ni nada y que ademas se puede entrar y salir las veces que se requiera (obviamente teniendo pagada la entrada y con el brazalete del parque).
 
Para hacer ejercicio:
 
* Por la noche, después de la cena en Xcaret y haber vuelto a mi habitación…mi llave no abría la puerta y tuve que volver hasta el lobby ¡¡2 veces!! (6 minutos caminando a paso normal, los contabilicé).
 
Un taco de ojo:
 
* Afortunado entre tanto ir y venir me encontré varias veces de frente a las porristas de la NFL de los “Pieles Rojas” de Washington.
 
Para recordar:
 
* Debo aceptar que nunca sonó mi despertador y me quedé dormido hasta que me llamaron de recepción informándome que los demás ya se habían ido; de ahora en adelante: 
¡llevar un despertador extra!.
* Amena charla con mojito con mis admirados amigos Veronica de Tipsdeviajero y Alfredo “el Alkimista”.
 
Lo chusco:
 
* Y de repente, cuando íbamos a cambiarnos para el evento final de la Travesía Sagrada Maya nos cerraron uno de los accesos del parque hasta el Hotel y tuvimos que esperar casi 15 minutos; ahí una señora y huésped del hotel (enojada obviamente) se brincó una barda de casi 3 metros.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Mochilero Soy.
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