Hotel Posada de la Mision, en Taxco.

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Taxco de Alarcón es hospitalidad, historia y riqueza, aunque lo más importante es descubrir el significado de un pueblo que está lleno de magia.

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La terminal de los autobuses Estrella de Oro es justo enfrente del Hotel Posada de la Misión, y ahí es donde dormí esa noche. La llegada invita a re-descubrir la historia, y la primera imagen que recordaré siempre es una antigua y muy bella carreta de madera, de esas que usaban los caciques de las haciendas.

Quedarse a descansar en este Hotel es quizá dormir un poco con la historia de la hacienda. Las habitaciones, totalmente rústicas y sin lujo alguno te trasladan a unas décadas muy atrás. La mezcla de colores y sonidos naturales se logran conjugar con un bonito paisaje casi desde cualquier sitio del Hotel. Ahí conocí y coincidí con otros viajeros; los que gustan de la historia y la cultura, quienes gustan de la gastronomía y los que buscan aventuras alejadas del bullicio y ruido de las grandes ciudades.

La Hora de la Comida.

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No se si los demás, pero yo veía el reloj impacientemente a cada rato (eran ya las 3pm) para escuchar el momento justo de las palabras claves: ¡vamos a comer!. Yo venía de un largo viaje con apenas un desayuno “raquitico” en la terminal de autobuses (una torta y un refresco) y hasta me sentía un acarreado más a un mitin político. La caminata por las calles empedradas y el recorrido guiado por el Templo de Santa Prisca me hizo despertar mucho más el apetito.

Así que nos tocaba compartir alimentos, de los especiales del Chef… una bebida refrescante con un poco de mezcal llamada “bugambilia boom”, hecha precisamente con base en la flor del árbol con el mismo nombre, licuada con azúcar, hielo y una pizca de mezcal. Después venía el platillo estrella: el Mole Rosa, hecho a base de ¡rosas! impensable, no es cierto? No se como explicar el sabor, que es delicioso, y simplemente recomendarles que cuando vayan a Taxco no se vayan sin probarlo!.

La ex-hacienda, construida en un cerro presume entre otras cosas con un mural del famoso pintor Juan O’Gorman dedicado a Cuauhtémoc, y sí, el mismo que pintó el mural que se encuentra en la Biblioteca Central localizada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cuentan, que un día dando mantenimiento a la base de algún pilar del Hotel se encontraron con un boquete (hoyo) que terminó en el descubrimiento de una Mina. Tiene menos de 1 año tal descubrimiento y poco a poco han ido descubriendo mas resquicios de lo que algún los indigenas chontales trabajaron durante décadas.

Sin restar belleza a los amplios jardines, alberca y panorámicas que tiene el Hotel, sin dejar de mencionar su buena ubicación… sin lugar a dudas lo que se lleva el asombro es bajar a la mina, que aun cuenta en su interior materiales valiosos como oro y plata, entre otros.

La Mina
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Así que era turno de descender un par de metros, en realidad y para ser mas exactos son 35 metros de profundidad (hasta donde se tiene habilitado); pues han descubierto mas caminos que con el tiempo esta seguros se podrá bajar, esto hasta unos 60-70 metros aproximadamente.

Cumpliendo con todas las normas de seguridad nos enfundan en chalecos antireflejantes y casco para bajar por un elevador que te hace sentir todo un minero. La primera parada va a unos 10 metros y ahí ya se empieza a sentir el calor, aunque nada sofocante.

El guía explica a detalle como fueron descubriendo tales rincones dentro de la mina, la manera en que subían, apoyados con las manos y pies cargando el material valioso que se iba recolectando, aunque basta señalar que las herramientas con las que contaban eran nulas; todo a golpe de piedra con piedra y a mano… ¡vaya trabajo!. Piedras y rocas, que por pequeñas que parezcan llegan a pesar hasta 10 toneladas.

Un río subterráneo, varias imágenes ahí plasmadas… algunas con mucha imaginación y una breve charla de un indígena chontal que da detalles de la gran labor de nuestros antepasados en las minas y del esfuerzo que hicieron por esconder tal sitio con el propósito de no ser saqueado por la presencia de los españoles. La ideología y respeto que se tenia de la madre tierra, incluso el permiso que en la actualidad se sigue pidiendo para entrar hasta esa profundidad.

Dicen, no se ha logrado sentir temblor alguno y que está fuera de peligro, aunque yo tengo mis dudas estando ahí abajo y ser sorprendido por un movimiento sísmico. El recorrido dura aproximadamente 45 minutos y vale mucho la pena bajar y conocer de cerca los trabajos que se hacían en la mina y los materiales que se encuentran.

El Hotel vale la pena también por hospedaje y por ubicación, aunque como lo mencioné, no tiene grandes lujos dentro de la habitación… digamos que es como para disfrutar de las instalaciones al 50% del tiempo de estancia. La alberca es de gran tamaño y de verdad que se antoja un chapuzón. Y algo muy valioso en la actualidad para muchos… ¡tiene WiFi incluido! y funciona muy bien, bueno, salvo en las habitaciones.

Definitivamente es una buena opción para descansar durante la visita al Pueblo Mágico de Taxco. Me despido con nostalgia pero sabiendo que volveré nuevamente; han sido unas horas magnificas y con excelente atención de toda tu gente.

Nos vemos pronto Posada de la Misión.
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MochileroSoy

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